viernes, 10 de abril de 2009

Algo para no olvidar



Hace unos largos meses me encontré con este consejo de la señora Goldie Hawn.
Me acuerdo que cuando lo leí pensé: "Tan básico y tan cierto". Y me hizo reafirmar algunas cositas que venían deambulando por mi cabeza.
Espero que este posteo me sirva para no olvidar cuánto valen mis amigos...

Kate Hudson cuenta en una entrevista respecto a lo que le dijo su mamá en una reunión con amigas:

"We all need girlfriends," she said. "At my sister-in-law's wedding shower, my mom [Goldie Hawn] said, 'I want you guys to look around at each other. At the end of the day, men come and go. Sometimes reality can be difficult, but the girlfriends you are next to allow you to work through the things in your life. Because when trouble happens with boys — which it does — it's your girlfriends who hold you up.'"

"Todas necesitamos amigas" ella dijo. "En la despedida de soltera de mi cuñada, mi mamá (Goldie Hawn) dijo, "Chicas, quiero que se miren entre ustedes. Al final del día, los hombres vienen y van. Algunas veces la realidad puede ser difícil, pero las amigas que están a tu alrededor te ayudan a arreglar las cosas en tu vida. Porque cuando hay problemas con los hombres, cosa que sucede, son tus amigas las que te sostienen".


Gracias Ash, por enseñarme qué significa ser amiga.

lunes, 23 de marzo de 2009

Yo siempre en la espera


Las películas que no puedo esperar a que sean estrenadas:
Push - 26 de marzo
Happy-go-lucky - 9 de abril
Rachel getting married - 9 de abril
Penelope (por finnnn!) - 23 de abril
Para mayo solamente alquileres...
Adventureland - 4 de junio
Let the right one in - 11 de junio
I love you, man - 11 de junio
Synecdoche, New York - 18 de junio
Ah, y Dragonball!!! Vamos a ser un montón de viejos nostálgicos, en medio de chiquitos que nos miran raro. 9 de abril será.
Si alguien lee esto, agradezco información extra y recomendaciones...

sábado, 14 de marzo de 2009

Lo confieso: amo las entrevistas



No se muy bien qué decir. Sólo sé que ayer la pasé de diez leyendo esta entrevista.

Reí desaforadamente, hasta que llegado un momento me asusté al entender que lamentablemente me parezco mucho, demasiado a este hombre. Estoy igual de trastornada que él. Qué raro... hay por ahí, bah por Los Angeles, un inglés igual de perseguido y solitario que yo? Se ve que no soy tan rara, o por lo menos, somos dos raros. El dicho dice que a la miseria le gusta la compañía así que...

En fin, aquí está el link de la entrevista que le hizo GQ a Robert Pattinson...


Y también encontré hoy un comentario de Entertainment Weekly realizado por una periodista que va siguiendo los puntos más importantes de la entrevista del señor Roberto, mientras hace sus aportes tan delirantes como los de él...


Todos están obsesionados con Pattinson y compañía en EE.UU. Tan locos están que solamente se concentraron en la parte de la entrevista en la que el tipo niega haber salido con una actriz. No le dieron ni bolilla al sincericidio absolutamente hilarante de Roberto. Ay Dios, así que la gente sigue siendo ciega después de todo.

Dos confesiones:

Sí, yo también estoy un poquitín obsesionada pero no con Roberto sino con los libros en los que se basan las películas. Son adictivos. Prueben y verán. Pero no se puede volver atrás, aviso. Una vez leídos...

Otra cuestión: no lo puedo negar, es muy lindo el sinvergüenza. Aunque después de leer la entrevista medio que hay imágenes que se han formado en mi mente que ya no puedo borrar. Son muy vívidas, y muy poco seductoras. Pero muy graciosas. Igual está bueno Roberto. Mmm, esas cejas, y esa terrible sonrisa. Es un sinvergüenza ese.

P.D: Yo tampoco puedo mentir. No se aprovechen.

jueves, 19 de febrero de 2009

La ambigua paranoia

Dejé de creer que la exageración era un peligro del cual debía huir, el pasado lunes.
Resultó ser que las alarmas eran reales, sin importar de quiénes provinieran. Cuando ví cómo la casa de un amigo estaba enterrada por el barro, cuando me resbalaba por las calles sepultadas de tierra, cuando supe que había muerto gente, cuando me enteré que el padre de una amiga tenía su local destrozado... ya no pude continuar ciega, ni proveer una calma de falso remanso. Nada de todo esto me había tocado a mí. Mi casa estaba a salvo, mi familia también. Sin embargo, algo se había quebrado en todos, a fondo.
El miércoles pasado sonó la alarma. No la escuché, la ignoré monumentalmente. Nunca pensé que había una gravedad implícita en ese sonido. Hasta que sonó el teléfono. Y se cortó la luz. Y sonó de nuevo el teléfono. Que se venía un nuevo alud, que debíamos subir a la terraza, que a mi tía no la encontraban, que me iban a buscar para llevarme lejos de casa. Gente corriendo por las calles con lo poco que tenían, gritando y llorando por auxilio. Pánico. En todas partes. Y yo intentando descreer de todo aquello que sólo podía asemejarse a una película de catástrofes. Guardé todo lo que podía en mi mochila, esperando escuchar los chirridos de un auto que frenaba en la calle, dispuesto a alejarnos del peligro. Mi incredulidad se extinguió y entendí que el miedo debía entrar en mi cuerpo, a la fuerza, aunque yo no quisiera, o no lo creyera.
Finalmente, antes de huir, supimos que se trataba de una falsa alarma. Ahora bien, ¿cómo sacudirse el agobio que había sumegido a la ciudad en pocos minutos? ¿Qué es lo que había que creer ahora? ¿El miedo nos dejaría dormir? ¿Debía escuchar mi frialdad o las elucubraciones que ya no parecían ser tan descabelladas? ¿Nos estábamos volviendo paranoicos o nos estábamos despertando?
Ayer sonó otra alarma. En mi celular, en la mirada estupefacta de mi padre, en su voz serena que amenazaba con un futuro sombrío en ciernes, en la crispación indisimulable de mi tía por sus hijos. Ya debe haberse disparado un miedo masivo en la ciudad. El dengue. Ya hay casi 200 casos sospechados. La ciudad está aislada en dos partes, una de las cuales está sepultada bajo un hedor putrefacto que no presagia nada bueno.
Hoy saldré de mi casa, sin ninguna garantía de ser ignorada por la enfermedad. No se con qué Tartagal me voy a encontrar. Quiero creer que nada es tan grave como parece, pero ni siquiera puedo controlar y enjuiciar mis suposiciones. Ayer hice oídos sordos a las advertencias hasta que entendí que esta vez era yo la que se estaba equivocando.
La paranoia ya no es cosa de locos. Empiezo a pensar que se trata de simple racionalidad.

jueves, 5 de febrero de 2009

Claridad de una noche de verano



No quiero esperar por lo siguiente.
Me niego a las esperas. Todo es vano y silente. No hay cómo llegar a destino. Cómo quisiera saber que hay un camino por recorrer hasta llegar a una meta tan deseada. Haría todo aquello que Bono promulga haber hecho. Subiría las más altas montañas, correría a través de interminables senderos, todo por conseguir lo que quiero.
Desearía que hubiera una posibilidad de obtener lo único a lo que aspiro. Sé que debo ser perseverante para graduarme, se que debo ajustar mis auriculares para no escuchar discusiones indeseadas y así darle alivio a mi pulso. Estoy segura de poder aprender a nadar si tan sólo me relajo y de a poco supero mis miedos. Sé cuál es el recorrido que debo emprender para lograr todo esto y aún más. Algunas cosas evito hacerlas, aunque conozco la ruta que me depositará al final del camino.
Pero, siempre, habrá algo indeterminado, frustrantemente evasivo, inconmensurablemente fascinante, cuya lógica nunca podre aprehender. No puedo lograr unir los puntos de contacto que me ayuden a trazar el mapa. Y cuando creo atisbar un rastro de un sentimiento que se está formando, un ventavalse apodera de mi insuficiente vida y desparrama todas las claves que había juntado por tanto tiempo.
Y sé que hasta que no consiga esas piezas, no podré sentirme completa, tranquila y segura de estar viviendo por alguna razón. Todavía no me puedo recuperar desde el último temporal. Ya van dos años o más. Haber perdido su amor sin siquiera haberlo podido disfrutar a tiempo devora mis bases, mis intentos de ponerme en pie. Lucho por dejar atrás los recuerdos de todo lo que parecía haber encontrado su lugar, por fín. El mapa está ahí, apoyado en mi mesa, desplegando toda su hermosura. Parecía estar diseñado especialmente para mí.
Mi nombre y el de él se enlazaban con estremecedora fortaleza. Era el proyecto más vistoso que hubiera visto en mi corta edad, pero los cimientos un día empezaron a temblar. Algo que no ví, una parte esencial. El tiempo. Ya era tarde para cuando los engranajes empezaron a funcionar correctamente. Al menos los míos. Y así, en pocos días todo se desarmó.
Y yo sigo siendo aquel viejito que nunca se resignó a poner en marcha su trabajo más perfecto e imposible de realizar. Ruego al cielo por una avasallante oleada de racionalidad. Porque sigo buscando explicaciones a enigmas que nunca podrán ser resueltos. Porque quiero creer que lo que estoy buscando todavía no lo encontré.
Que vuelvan los vientos y se lleven mis inútiles herramientas, los oxidados engranajes y mis cartas nunca entregadas. Me he cansado de esperar.

jueves, 25 de diciembre de 2008

Creciendo


Este año aprendi...


que soy más fuerte de lo que pensaba

que siempre seré una gran metedora de pata

que no lidio tan bien con la soledad como pensaba

que tengo pocos pero grandes, grandes amigos

que amo demasiado a mi familia

que tengo problemas de envidia (sana)

que siempre está bueno dar segundas oportunidades

que un mate puede ser el paraíso por todo lo que implica

que no soy fría

que amar equivale a respirar

que perdí la fe en muchas cosas en las que debería creer (nada de dogmas, no me interesan)

que amo Tartagal

que la gente me puede sorprender

que lo sobreprotejo a mi padre

que soy feliz al ver que mi gente es amada por otras personas, aún cuando yo no tenga esa misma dicha

que sigue siendo doloroso romper una amistad, aun cuando no tenga cómo sostenerla

que necesito llorar más seguido

que desearía poder hacer duelos inmediatos y más rápidos

que mi mente puede seguir abriéndose y nunca debería detenerse

que los prejuicios están para derribarlos

que nada es tan simple

que el calificativo "mejor amigo" no tiene sentido en mi vida, porque el simple hecho de llamar a alguien amigo es suficiente para demostrar el enorme amor que le tengo

que la música y el cine y los libros tienen poderes curativos

que soy valiente y eso cuenta para algo

que tengo miedo que nadie me llegue a amar y me quede sola

que todavia me queda mucha gente valiosa para conocer

que debo alejarme de todo aquello que me destruye (pero cómo?)

que tengo muchas cosas por las cuales ser feliz

que, aunque yo todavía no lo sepa, soy feliz