martes, 15 de marzo de 2011

El mundo es un campo minado


Marzo 2010

El mundo es un campo minado. Sin advertencias ni barricadas.

En cualquier lugar, a la hora que sea, la explosión es una amenaza latente y nunca perecedera.

He sido asignada aquí como cada una de las personas que leen esto y las que no. De día me olvido de dónde vivo y de noche dejo de ocultarlo.

Algunas veces me pregunto si los demás pueden ver lo que yo veo. Muy raramente los confronto con esa visión. Y en cada una de esas oportunidades, se repite la misma reacción: negación, a cualquier precio.

Una impresión

Agosto 2010

De alguna manera, siempre lo supo.

En las fotos, en las entradas de sus diarios, faltaba alguien.

Había reemplazos, sí, pero de nada valían.

Por 22 años había visto señales. Todas traicioneras. Lo que esperaba para ella se cumplía para los demás.

Nunca entendió del todo esa necesidad. Pero sí sabía que lo esperaba y lo haría hasta que apareciera.

Cuando las fantasías se empezaron a desgastar, apareció.

Una semana antes lo sintió venir. Y no le importó. O simuló no importarle.

Estaba cansada ¿Quién no lo estaría?

El chico sin nombre


Agosto 2010

No alcanzó a crear sus crónicas aquí.

El chico sin nombre, sin distinción, es tan volátil. Aparece y desaparece.

Nunca se queda lo suficiente para conocerlo, nunca dice algo de más ni me invita a decirlo.

Es un misterio. Unos cuantos datos no alcanzan para intentar entenderlo.

Con el anterior hablé demasiado y con éste no lo suficiente.

Las señales quedaron sin explicación. Igualmente tuvieron su tiempo de refutación. Pero algo falta. Un esfuerzo no hecho, un riesgo no tomado.

También quedan imágenes muy cómicas que nunca conocerá. Podré olvidarme de su cara pero no de las anécdotas inventadas.

Tantas calles nos unen y unos ínfimos segundos nos separan ¿No es la vida caprichosa? Tantas formas de unirnos y todas desaprovechadas.

La nada


Julio/Agosto 2010

¿Qué significa esa mirada en sus ojos?

“No se qué siento”, “no te entiendo”, “estoy aburrido”. Cada semana un significado distinto.

Los silencios, ¿están delatando algo? ¿O los garabatos son más sinceros?

Las preguntas, ¿son de ocasión o para no quedarse atrás?

No entiendo.

No entiendo el idioma en el que habla. Intento descifrar al menos su lenguaje corporal. Pero obtengo mas información comparándolo con el que comparte con otra persona.

Tanta confusión por no hablar claro y directo ¿Por qué tendremos tanto miedo de decir lo que pensamos? Me parece que no quiero oír lo que realmente me quiere decir con esas miradas, esos silencios y sus gestos.

Creo que en realidad toda aquella confusión no fue tal, sino algo tan claro que no necesitaba palabras.

El problema es seguir adelante. Pero ¿adelante de qué? No hay nada atrás. Si todas tus apuestas fracasaron, ¿podés realmente esperar tener éxito? La gente es muy optimista. Me gusta ponerme en el lugar de ellos y disfrutar de su claridad. Pero no entienden que tarde o temprano tengo que volver a la oscuridad. Cuando no están, soy quien soy. No hay excusas ni escape.

Hoy leí lo que escribió. Cada palabra encontró el lugar que le correspondía. Y no las pude entreverar ni disculpar.

No puedo escapar de esta derrota. Los fracasos se repiten religiosamente, en algo estoy errando. Hace meses que siento que me acerco a la respuesta, pero acabo matando al mensajero antes de recibirla. Días antes de viajar hablé con alguien. Y no quise ocultar más lo que estaba sucediendo. Supe que de esto no voy a salir indemne. El problema es más grande de lo que pensaba. Pero para tomar acción necesitaba que llegara el día de hoy. La confirmación de otra historia que nunca empezó.

El juego

Junio 2010 (aprox)

No se porqué no escribo sobre él.

No es otro más. Será que la mecha es corta.

Podría aceptar que todos los que lo precedieron fueron un capricho, aunque no es justo con mi pasado. Siento que si alguna vez hubiera escrito sobre alguien, debería haber sido él. Sin embargo, no es fácil. No encuentro palabras ni escenarios ni aromas ni gustos que me permitan hacerlo.

Sé que alguna vez empezó lo que siento. Sé que fue instantáneo. Y fue tan predecible que me creí patética. Todo el salón podría saberlo en un pestañeo. Pero todavía nadie sabe, nadie ve, nadie espera.

Juego a las apariencias. Quizás él también juega. Quién sabe. Juego porque no puedo hacer otra cosa. Dibujo, escribo frases cortas que ni yo entiendo y puedo verlo espiando.

Son los minutos más tensos, el aire mas pesado, el frío mas intenso. Supuestamente significa que “siento algo”. Y volvemos al juego de disimular, de ser otra persona. Dios, ser genérica. Aburrido, falso, insuficiente. El miedo nos puede trastornar hasta este punto.

Ya no reconozco sus rasgos mientras estoy despierta. Pero duermo y ahí está. En un auto, siendo parte de un paisaje, recorriendo un edificio. Ya nada es blanco y negro, cada noche es un nuevo lugar, me habla calmo, de cerca, destruyendo distancias y acompañándome desde la vigilia.

Es insuficiente. Lo sé mejor que nadie. El inconsciente no debería consolarme. Se está redimiendo desde ahora, en cualquier momento va a traicionarme.

Supongo que entre juegos y traiciones, el resultado, aunque imprevisible, garantiza un quiebre. Por no cometer errores del pasado, voy a crear nuevos. Si fuera pesimista, diría que de eso se trata la vida. De errar, siempre, hasta el fin.

Soy pesimista. Ya me sé de memoria el final de esta historia. No es feliz, no hace falta aclararlo. Aunque tampoco hay tristeza al reconocerlo.

jueves, 23 de diciembre de 2010

Extraño

Hace tanto que no escribo.
Escribir solía ser un camino de regreso. Tantas veces me perdí en estos años oscuros, sin herramientas a las que acudir, la familia lejos y los amigos de los que me alejaba y a quienes volvía, intermitentemente.
Hoy escribir me resulta... extraño. En algún momento, la responsabilidad se mezclo con lo que algunos esperaban de mí, y vino la presión, esa bendita molestia incansable, y después ví que todos los posteos convergían en una sola persona. Y me alejé de aquí.
Como siempre, llega diciembre y la incertidumbre me aprieta los talones. Y hoy pensé en el blog. Tímidamente escribí mi mail y voilá... estoy escribiendo de nuevo.
Tantas cosas que tengo que hacer, y que no las hago, y no se por qué. No saber qué es lo que me espera cuando escribo mi nombre al final de cada artículo, posteo, examen; creo que allí se encuentra la clave de esta gran inquietud: por qué no escribo.
Veo repetirse los días como si fueran números que naturalmente progresan en una lista invisible. Curiosamente, me pasé la mayor parte de este año contando cuántos minutos necesitaba para estudiar, cuántos para cocinar, cuántos para llegar a la facultad. Mi libreta está llena de actividades programadas y nunca cumplidas.
No soy un robot pero mis expectativas se mantuvieron mecanizadas. No sabía qué más podría esperar. Supongo que la irreverencia de la vida no me tironeó, sin importar cuán seguido se lo pedía.
Y cuando me cansaba de hacerlo y mi celular estaba vacío de eventos, los auriculares eran grandes amigos. Todavía lo son, una visita a otro mundo.
Este 2010 me dejó cansada de nada, intacta, el camino me resultó conocido. Rogué por un cambio que nunca vino. Este año tuvo poco gusto a vida. Y no sé si lamentarlo o agradecerlo. Después de todo, lo bueno no se ha ido. Pero lo malo tampoco. Plantada en este lugar y momento, hacer un balance me resulta extraño, o más bien, innecesario. Las dos valoraciones no pueden estar más unidas una con la otra.
Y acá estoy, de vuelta, tratando de escribir y entender. Sé que el consuelo está acá y ojalá algún día lo vuelva a aprehender. Por alguna razón, lo siento mi lugar.