sábado, 11 de junio de 2011

Entierro

Qué expresión extraña. Tal vez no sea una expresión realmente. Pero sino, ¿qué es? Hablo y no hay devolución. Busco en sus cejas, no hay movimiento alguno. No hay nada, ni siquiera enojo ¿Se trata de aburrimiento, desinterés?
Mi indignación fue aguda y efímera. También cómica. Y trajo tanto, tanto.
Pensar que una cara de piedra puede desenvolver todos los montones acumulados en mi departamento. Los materiales, pero también, y sobre todo, los virtuales. En algún lugar se acomodaron y sólo los pude descubrir cuando estaban a punto de caer.
Años de desconcierto, sin respuestas, sin miradas, llenos de culpa y arrepentimiento, se van, se están yendo. Sin pausa, y no puedo dejar de sonreír.
No lo puedo borrar, tampoco quiero hacerlo. No hay resentimientos. Él ya no está. Lo miro y no hay nada. Es justamente la nada misma. Busqué con toda intensidad e insistencia. Pero al cansarme finalmente lo entendí. Él no existe. Se fue. No lo puedo traer de vuelta y yo tampoco puedo vivir suspendida en el pasado.
Me pregunto qué verá él en mí. Si es que realmente me reconoce. Parecemos dos extraños. Somos dos extraños. Pero estoy bien, realmente bien. No quiero nada de lo que él ya ha enterrado.
Lo único que queda es un sobre bajo tierra. Él se ha ido, y yo también.

martes, 15 de marzo de 2011

Trauma escolar


En abril, sí, de vuelta a la escuela. De cine. Ya creía haberme olvidado de lo que implica un rodaje en ese lugar.

En comunicación, significa otra cosa. Mucho mejor. O al menos así me siento. Sin presiones, puedo respirar, no estoy atada.

Así que sí, de vuelta a las correas. Qué curioso, el lugar dónde más debería disfrutar se convirtió en, no sé en qué se convirtió, para qué especular.

Quizás el lugar activa demasiados recuerdos, y por alguna retorcida razón, sólo parecen estar vivos los más dolorosos.

Ojalá pudiera desechar esa oscuridad, y aprovechar cuán intensivo será este año.

Supongo que mis aulas de Comunicación nunca me parecieron más seductoras.

Todo esto huele a miedo. Sé que no soy la misma de hacer tres años, sé que no soy tan vulnerable, y sé que nada me importa tanto como solía ser antes. Pero igual hay tanto dicho y hecho, tanto error y fracaso. Realmente me pregunto si podré vencer semejante resistencia.

Suena grave, exagerado, pero es un lugar traumático ¿Puede surgir algo lindo y luminoso de un trauma? Suenan tan contradictorios los términos que parece una pregunta formulada al viento. No durará demasiado la intriga, los resultados me esperan en la forma de dos años. Sí es legítimo preguntar en qué consistirá la resistencia.

Pero todavía es pronto para especular al respecto. Bajo las ruinas hay tierra.

Desorientada

No hay ninguna brújula que pueda seguir.

Salto de un lado hacia el otro buscando gente que sólo parece huir.

No hay ladrillos amarillos ni migajas. Sólo pseudo señales que ya sólo puedo suponer que pertenecen a mi inconsciente.

El fantasma del fracaso está al acecho. Ya no se trata de aguantar y seguir y luchar. Pero entonces, ¿qué me queda por hacer?

Siento que la misma pregunta se repite una y otra vez a lo largo de los años, mutando su apariencia, pero siempre conduciendo al mismo vacío.

Sé que algo está quebrado, alguna pieza no está en su lugar. Sé que estoy en pie pero no por eso a salvo. Creo que todos los días me balanceo, constantemente, sin nunca encontrar un equilibrio. Temo haberme acostumbrado a un mismo final, siempre lúgubre, hueco.

Me aferro a tantas cosas como puedo, pero el daño está hecho. Lo puedo ver en todos lados. Cada espejo es un recuerdo de todo aquello que espera ser reensamblado.

El mundo es un campo minado


Marzo 2010

El mundo es un campo minado. Sin advertencias ni barricadas.

En cualquier lugar, a la hora que sea, la explosión es una amenaza latente y nunca perecedera.

He sido asignada aquí como cada una de las personas que leen esto y las que no. De día me olvido de dónde vivo y de noche dejo de ocultarlo.

Algunas veces me pregunto si los demás pueden ver lo que yo veo. Muy raramente los confronto con esa visión. Y en cada una de esas oportunidades, se repite la misma reacción: negación, a cualquier precio.

Una impresión

Agosto 2010

De alguna manera, siempre lo supo.

En las fotos, en las entradas de sus diarios, faltaba alguien.

Había reemplazos, sí, pero de nada valían.

Por 22 años había visto señales. Todas traicioneras. Lo que esperaba para ella se cumplía para los demás.

Nunca entendió del todo esa necesidad. Pero sí sabía que lo esperaba y lo haría hasta que apareciera.

Cuando las fantasías se empezaron a desgastar, apareció.

Una semana antes lo sintió venir. Y no le importó. O simuló no importarle.

Estaba cansada ¿Quién no lo estaría?

El chico sin nombre


Agosto 2010

No alcanzó a crear sus crónicas aquí.

El chico sin nombre, sin distinción, es tan volátil. Aparece y desaparece.

Nunca se queda lo suficiente para conocerlo, nunca dice algo de más ni me invita a decirlo.

Es un misterio. Unos cuantos datos no alcanzan para intentar entenderlo.

Con el anterior hablé demasiado y con éste no lo suficiente.

Las señales quedaron sin explicación. Igualmente tuvieron su tiempo de refutación. Pero algo falta. Un esfuerzo no hecho, un riesgo no tomado.

También quedan imágenes muy cómicas que nunca conocerá. Podré olvidarme de su cara pero no de las anécdotas inventadas.

Tantas calles nos unen y unos ínfimos segundos nos separan ¿No es la vida caprichosa? Tantas formas de unirnos y todas desaprovechadas.